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INFORME ANTERIOR LA IGLESIA: VICTIMA CONSTANTE DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA Por: Bibiana Andrea Clavijo Romero
Ningún sector de la población en Colombia ha logrado ser ajeno al flagelo de la violencia generada por las agrupaciones narcoterroristas de las FARC y el ELN. Es así, como cualquier segmento de la población que se oponga a sus intereses, sin distinción de credo, raza, filiación política, género o estrato social, será blanco constante de amenazas, agresiones, secuestros y homicidios por parte de estos actores subversivos. Tanto la Iglesia Católica como las Iglesias evangélicas-protestantes han sido fuertemente afectadas por el terrorismo y la violencia. Es de esta forma como los grupos que hacen oposición directa al accionar violento y fomentan la búsqueda de la paz y la reconciliación, son perseguidos y silenciados por estas organizaciones interesadas en sumir al pueblo colombiano en una situación de terror, pobreza y desolación. La Iglesia Católica en Colombia, con excepción de algunos sacerdotes y monjas seducidos por la denominada Teología de la Liberación, no ha asumido una posición neutral frente al conflicto. Por el contrario, ha sido una de las instituciones más críticas frente a las continuas agresiones violentas sucedidas contra la población más humilde del país. La Iglesia ha declarado su firme compromiso frente a la paz y la reconciliación del pueblo colombiano, y no han cesado en su esfuerzo por guiar al Estado y a los grupos al margen de la ley hacia una solución pacifica y negociada del conflicto armado. Por esto, la Iglesia se ha convertido en un obstáculo para el accionar violento de los grupos narcoterroristas y por ende estos han tratado de acallar sus esfuerzos y silenciar las voces de los hombres y mujeres que, al servicio de Dios, han asumido un compromiso por la paz del país. Ataques cometidos contra la Iglesia Católica Desde
1984 (año en que se hizo necesario llevar un registro de ataques
a religiosos y religiosas del país dados los continuos hostigamientos
de los grupos subversivos), se ha informado por parte de la Pastoral Social
la muerte violenta de un arzobispo, un obispo, 48 sacerdotes, tres religiosas
y un seminarista católico.
Durante este mismo periodo también han sido objeto de secuestro 5 obispos, 19 sacerdotes y un misionero. Además más de 38 religiosas y religiosas han recibido amenazas en contra de sus vidas. Los templos también han formado parte del frente de batalla. Alrededor de 71 Templos o Casas Curales han sido total o parcialmente destruidas. La fuerza pública considera que Caquetá , Norte de Santander, el Magdalena Medio, Antioquia, Apartadó, Duitama, Sincelejo, Sucre, Cartago y Arauca son los lugares más peligrosos para ejercer las labores religiosas.
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